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LA REBELIÓN DE LOS
GOMEROS EN LA POESÍA POPULAR
Por Chácaras y Tambores de Guadá
DÉCIMAS SOBRE LA LEGENDARIA “BAJA
DEL SECRETO” Y “TORRE DEL CONDE”
Fuente:
HERNÁNDEZ MÉNDEZ, Miguel Ángel (1998): Décimas de La
Gomera. Poetas de Valle Gran Rey. Asociación Granate, Ilustrísimo
Ayuntamiento de Valle Gran Rey
Nos encontramos ante una de las décimas más conocidas y sobre las que
más se ha escrito, de todas las hechas en La Gomera. Sin duda por
tratarse de una recreación poética de uno de los hechos más traumáticos
de la historia de la isla, como fue el ajusticiamiento de
Hernán Peraza,
señor feudal de la gomera y la posterior cruenta represión por parte
Pedro de Vera. Hechos estos que han
marcado la historia colectiva de los gomeros, de tal manera, que siguen
muy vivos en la tradición oral de la Isla.
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La Baja
del Secreto, desde la costa de Valle Gran Rey. |
Vista
actual de Gerián, donde la tradición sitúa la residencia de Hupalupa. |
No es nuestra misión aquí, hacer un detallado
análisis histórico, pero sucintamente estos fueron los acontecimientos.
El hecho central lo constituye la Rebelión de los Gomeros; episodio
acaecido ha finales del año 1488. La causa del levantamiento fue la
tiranía de
Hernán Peraza, “el joven”, señor de la
isla. Éste gobierna la isla de forma despótica y cruel, atropellando
derechos y vidas y haciendo cada vez mayor el descontento de los
gomeros. A esto se unió sus pretensiones amorosas con la joven
Iballa, mujer que le estaba prohibida, pues ambos pertenecían
al mismo bando de Ipalán, por los que se les consideraba “hermanos”, al
formar parte del mismo grupo de parentesco.
Aparte de
Iballa, otras figuras aborígenes
mencionadas son
Hupalupo y
Hautacuperche a quienes con frecuencia se les
llama, Pablo y Pedro respectivamente.
Hupalupo (Hupalupa o Hupalupu)
anciano con gran ascendencia entre sus paisanos, sobre todo del bando de
Orone, fue el encargado de organizar la muerte de
Hernán Peraza,
mientras que
Hautacuperche
fue el responsable material de la misma, ésta
tuvo lugar en el exterior de la Cueva de Guadehum (o Guadejume).
Narra
Abreu Galindo que
Hautacuperche
murió en el
intento de asediar la torre del Conde y que los gomeros al ver perecer a
su caudillo, huyeron y se hicieron fuertes en la Fuerza de Garagonohe.
Beatriz de Bobadilla, esposa de Peraza, se hace fuerte en la
Torre de San Sebastián y pide ayuda a
Pedro de Vera, gobernador de Gran
Canaria, que llega a La Gomera con un gran número de tropas. Se engañó y
concentró a los sublevados en San Sebastián, villa en la que se
prodigaron unas escenas tan cruentas que durante siglo han ensombrecido
la mente del pueblo gomero. Se cometieron terribles atrocidades: los
mayores de quince años serán muertos en la horca, quemados o ahogados en
el mar; los menores, las mujeres y los viejos serán vendidos como
esclavos o deportados de la isla.
Abreu Galindo también hace referencia
en su obra a los asesinatos que
Pedro de Vera
cometió en Gran Canaria,
muy posiblemente encaminados a evitar una nueva venganza por parte de
los gomeros que allí residían en condición de expatriados.
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Cueva de
Guahedum, lugar donde fue ajusticiado el tirano . |
Torre
del Conde, residencia de Hernán Peraza. |
Pedro de Vera y
Beatriz de Bobadilla
personajes ejecutores de tan sanguinaria represión recibieron los
beneficios más suntuosos: “Pedro de Vera, cargado de ducados, orchilla,
esclavos, sangre e infamia, volvió a Gran Canaria”. También ambos
destacaron igualmente en su papel de principales vendedores de esclavos
gomeros: “Para ellos los indígenas fueron una especie de moneda. Pagó
con ellos un barco y los diezmos debidos a la iglesia de Canaria (...)”.
Estos hechos tan impactantes, fueron
transmitiéndose de forma oral, dando lugar a las diferentes versiones
que se pueden encontrar del acontecimiento, aunque en ninguna de ellas
el fondo del episodio se altera. Es una historia que ha permanecido muy
viva en la memoria, sobre todo en pueblos como Valle Gran Rey, donde
cualquiera puede dar detalles del tema, en donde se conserva en la
toponimia: La Baja del Secreto, peña situada en frente del Charco del
Conde, el palacio del Conde en La Casa de la Seda, la cueva de
Hupalupo
en Gerián, etc.
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Beatriz de Bobadilla, dama de dudosa reputación en la corte
castellana, esposa de Peraza y organizadora de la venganza por la
muerte de éste. |
Pedro
de Vera, genocida castellano, gobernador de Gran Canaria y
encargado de ejecutar la trama urdida por
Beatriz de Bobadilla. |
Escultura en Valle Gran Rey de un Hautacuperche idealizado y
excesivamente musculado. La lanza que porta en su mano izquierda
nos confirma el escaso rigor histórico de la misma. |
Lo que más nos interesa de esta
historia, no es el hecho de que permanezca viva en la tradición oral de
la Isla, en forma de leyenda prosificada, sino el hecho de que aparezcan
en forma versificada, en este caso mediante décimas cuya autoría se
atribuye al poeta de Valle Gran Rey,
Manuel Roldán Dorta. No sabemos hasta
que punto el poeta Manuel Roldán utilizó para su obra, sólo lo que él
sabía por tradición oral, muy rica la que en Valle Gran Rey existía al
respecto, o puede que algo se dejara influir por los relatos escritos
por los cronistas y en tercer lugar, lo que él mismo inventó como autor.
Lo que si está claro, es que estas coplas se extendieron por toda la
isla y se han ido a unir al resto de versiones tradicionales y quien
sabe si acabe imponiéndose a éstas como versión única y más autorizada,
dado el gran prestigio que sobre el pueblo tiene la letra escrita, como
dice el profesor M. Trapero.
La popularidad de estas décimas es
grande y son muchos los que conocen su existencia (en muchos casos ya
desligadas del autor) y te pueden recitar partes o fragmentos sueltos,
sin embargo muy pocos son los que pueden dar la historia completa. Hasta
ahora, en todos los trabajos y en las veces que ha aparecido publicada,
se daba sólo la primera parte de la historia, que es la llamada “La Baja
del Secreto” y no ha aparecido nunca la segunda parte, “La Torre del
Conde”. Aquí por primera vez va a aparecer la versión completa, según
fue versificada por Manuel Roldán.
Otros poetas han escrito
sobre este mismo episodio, de Valle Gran Rey, que nosotros conozcamos
existe una versión en forma de 22 espinelas cuyo autor fue
Manuel
Navarro Rolo, e incluso recientemente, dentro de ese resurgir del punto
cubano, algunos repentistas cubanos que nos han visitado, también han
recreado ese suceso, como es el caso de Raúl Herrera “El gigante remediano”, en su libro “Mis mejores décimas”. También
Los Sabandeños le
dedicaron un disco llamado “La Rebelión de los Gomeros, (muerte de
Hernán Peraza)” en el año 1983. E incluso existe una versión novelada
titulada “Iballa” cuyo autor es
Manuel Mora Morales.
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Manuel Roldán Dorta, autor
de las décimas " La Baja del Secreto" y "La Torre del Conde" |
Carátula del disco "La
Rebelión de los Gomeros" de los Sabandeños. |
Portada del libro "Iballa",
de Manuel Mora Morales |
PRIMERA PARTE.
"LA BAJA DEL SECRETO".
Autor :
Manuel Roldán Dorta
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1ª
La Reina, doña Isabel
La Católica, tenía
una dama que decía,
que era su bello vergel.
Cuentan que en el tiempo aquel
era la dama más bella
y la más radiante estrella
que en toda España se hallaba,
espejo en que se miraba
la Reina y señora de ella.
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2ª
Muy poco duró el edén
de nuestra Reina, su espejo,
porque el Rey de amor
perplejo,
quiso verse en él también.
Aquí principió el vaivén
de Isabel y Beatriz,
no había nadie feliz
por causa de la manzana;
dejémonos de jarana,
aquí hubo algún desliz.
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3ª
La Reina como una hiena
de celos brava rugía,
cual ruge la mar bravía
contra la playa serena.
¿Cómo vengaré mi pena
contra mi vil traicionera?.
Hay que andar a la carrera,
por fin la voy a casar
y mandarla a desterrar
a la isla de La Gomera.
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4ª
Aunque el espejo empañado
a Hernán Peraza llamó,
y, a Beatriz le ofreció,
y la aceptó con agrado,
le dijo: -Estás titulado
ser Conde de La Gomera,
gobernarás como quieras,
mañana te embarcarás,
pero jamás traerás
a tu esposa a esta ribera-.
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5ª
Nuestro Conde y Soberano,
a San Sebastián llegó,
allí su casa fundó,
siendo un déspota tirano.
A todo buen ciudadano
de consumo lo gravó,
a su honor no respetó,
ni tampoco a sus mujeres,
y se entregó a los placeres,
causa porque al fin murió.
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6ª
Por valles de La Gomera
con sus vasallos paseaba,
la mujer que le gustaba
para sus placeres era,
y, el padre que se opusiera,
al punto era aprisionado,
con rigores castigado
en un continuo sufrir,
pues más querían morir
que vivir de aquel estado.
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7ª
Próximo a Jerián vivía
un sabio que se llamó
Hupalupo y lo dotó
Dios de gran sabiduría,
éste una hija tenía
tan bella y tan seductora,
que ni la luciente aurora,
ni las rosas encarnadas,
no le igualaban en nada
por ser tan encantadora.
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8ª
El Conde esta joven vio,
y de ella quedó prendado,
ciegamente enamorado,
tanto que la apeteció,
su deseo no logró,
fue con desdén rechazado
por un precepto sagrado
que a Dios tenía ofrecido,
mientras no sea cumplido,
su honor no ha de ser tocado.
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9ª
Se iba a hacer libaciones,
sobre la montaña santa,
de leche y con fe tanta,
rezaba sus oraciones.
En fiestas ni en diversiones,
Iballa podía estar,
ni se podía casar
por más que estaba ofrecida
con Pedro, pero cumplida,
no le podía faltar.
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10ª
Volvamos a Hernán Peraza
que está ciego enamorado,
todo su empeño ha jugado
por si puede darle caza.
Siempre urdiendo mala traza,
un banquete organizó
y a Hupalupa invitó
al palacio Casa la Seda,
y allí la cosa se enreda
como más tarde se vio.
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11ª
Tuvo muchos convidados,
los que obsequió con cabritos,
con manjares exquisitos
y vino aromatizado.
Siguen todos animados,
el Conde a todos brindó
y a Hupalupo le ofreció
un narcótico con vino,
que le hizo perder el tino
y aletargado cayó.
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12ª
El Conde cuando esto vio,
quedó alegre y placentero,
montó a caballo ligero,
casa de Iballa marchó,
ella a la puerta asomó,
cierra pronto y bien se
esconde,
cuando reconoció al Conde,
que a su puerta le llamaba
y ella no le contestaba,
ni le abre ni le responde. |
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13ª
El vil Conde enfurecido
como una fiera bramaba,
pues su intento no lograba,
era tal un toro herido,
de rabia está sin sentido
y de amor desesperado,
viendo que su objeto amado
no ha podido conseguir,
lo que le quitó el dormir
y lo tiene trastornado.
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14ª
Hupalupo al despertar
de su profundo letargo,
exclamó: -¡Oh Dios, qué
amargo,
el yo en mi hija pensar!
¡Qué este vil pueda llegar
a lastimarle en su honor!.
¡Oh, qué cruento dolor
en mi alma yo tendría!
¡Venganza, Virgen María
contra este infame traidor!-.
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15ª
Vino la noche y con ella
la luna serena y clara,
no hubo nube que turbara
a los reflejos de aquella.
Fue una noche muy bella,
trágica, quieta y serena,
tres hombres van por la arena
hacia la orilla del mar,
los tres se echan a nadar
sin una pizca de pena.
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16ª
Con silencioso respeto
a los tres se ven nadar,
y, al poco rato, trepar,
en La Baja del Secreto.
Dijo Hupalupo: -Completo,
tendremos nuestra asamblea,
aquí no hay nadie que vea,
gracias a Dios puedo hablar,
libremente respirar,
y triunfará nuestra idea.
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17ª
Como ya sabéis el Conde,
nuestra ley ni honor respeta,
nuestra desdicha es completa,
eso no se nos esconde,
¿a dónde iremos, adónde,
que no seamos azotados?
por eso aquí sois llamados
para dar muerte a esa fiera,
y librar nuestra Gomera,
de ser sus hijos esclavos.
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18ª
Esto sólo Dios lo oirá
por hallarnos desviados
de la tierra y muy fundados
de que nadie lo sabrá,
la muerte se le dará
y nuestro Dios nos ampare,
esto no hay quien lo
escuchare,
pues si en la tierra se
hablare
como el agua se filtrare,
pues la tierra es hembra y
pare.
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19ª
Yo mataré a ese bandido
y el alma le arrancaré,
de su sangre beberé,
dijo Pedro enfurecido.
Ese vil ha pretendido
deshonrar a mi adorada,
a esa flor pura y sagrada,
a quien venera mi pecho,
yo vengaré ese mal hecho,
o de mí no queda nada.
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20ª
Y, luego, con ligereza,
debemos sin vacilar
a San Sebastián llegar
y dar muerte a la Condesa.
Arrancar con gran fiereza
ese vil y mal sarmiento,
para que no hagan el cuento,
arrancarlo de raíz,
muera también Beatriz,
para ejemplo y escarmiento.
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21ª
Dijo Hupalupo, nos vamos,
ya buscaremos la clave,
dijo el hijo: -¿Y si se
sabe?-.
¡Cobarde! ¿y en que quedamos?.
¿No sabes en donde estamos?.
Tú nos vas a descubrir,
antes de eso has de morir,
idiota sin condición,
un puñal al corazón
le hincó y se oyó gemir.
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22º
Dijo Pedro: -¡lo mató!-.
¡No, no, yo no le he matado!
porque fue el deber sagrado
el que mi mano impulsó.
Ni una lágrima vertió,
aunque era su hijo amado,
todo en silencio ha quedado
y se echaron a nadar
y el cadáver cayó al mar,
en donde fue sepultado.
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23ª
Todo estaba ya tramado,
salió Iballa a pasear
con sus damas y al llegar
a Aguahedum señalado,
vio al conde que hacia su lado
se acercaba con candor,
diciéndole: -bella flor,
si no me quieres amar,
yo te mandaré a matar
sin piedad y sin dolor-.
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24ª
Pedro que a la acecha estaba,
como una fiera salió,
y el Conde cuando le vio,
la espada desenvainaba
y cuando la espada alzaba,
lo sujetó con valor,
le dijo: -Soy tu señor
y me debes respetar-
¡Calla infame, has de pagar
lo que le has hecho a mi
amor!.
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25ª
Pedro con gran ligereza
al Conde al suelo tiró,
y el corazón le partió,
y le arrancó la cabeza.
En seguida con presteza
la noticia se extendió
en la isla y se silbó
desde montaña a montaña,
dando cuenta de la hazaña,
que al Conde un hombre mató.
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26ª
La noticia circuló
por el silbo con presteza,
decían que a la Condesa
de matarla se acordó.
La Condesa se enteró
por medio de una criada
gomera y muy estimada,
que el silbo pronto entendió,
de modo que la enteró,
sin que ellos supieran nada.
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27ª
A Gran Canaria mandó
a prisa una carabela,
que fueran a toda vela
por auxilio que pidió.
Ella al punto se encerró
en la Torre bien trancada
y al momento fue sitiada
por multitud de gomeros,
los que trabajaban fieros
por ver si la derribaban.
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28ª
Qué noche de sufrimiento,
de amargura y de tristeza,
se pasó nuestra Condesa,
llorando su descontento.
Vio aproximarse el momento
de su muerte tan cercana,
se asomaba a la ventana
a ver si el barco venía,
y, con fervor le ofrecía,
oraciones a Santa Ana.
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29ª
Quiso la Virgen Sagrada,
desde lo alto del Cielo,
darle un poco de consuelo
a aquella desconsolada,
que con ansiosa mirada,
divisó la carabela,
que con viento a toda vela,
como una bala venía,
entrando hacia la bahía,
que andaba más que el que
vuela.
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30ª
Hupalupo diligente,
su ejército preparó,
y con hondas los armó,
arengándoles fielmente:
-Debéis de tener en presente
que nos vienen a engañar,
debémonos replegar
a orilla de la montaña,
y, aunque venga toda España,
no nos podrán derrotar.
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31ª
Saltan soldados armados
y antes de la retirada,
lanzan algunas pedradas
sobre los recién llegados,
murieron descalabrados,
algunos, y, ellos huyeron,
y en la orilla se opusieron,
donde nadie se acercaba,
pues al que subir osaba,
muy pronto muerte le dieron.
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32ª
Por fin ofrece perdón,
a los guanches, la Condesa,
y fue tanta su simpleza,
que aceptan con decisión,
dijo Hupalupo: -¡Traición,
señores traen urdida!.
Yo y mi familia querida,
eso no hemos de aceptar,
al que lleguen a agarrar,
ha de ser quemado en vida.
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33ª
A la iglesia de La Villa,
bajan a ser perdonados,
en donde fueron quemados
como una mala semilla.
Cayeron en la trampilla,
que el sabio había anunciado,
su desacierto han pagado
como inocentes corderos,
aquellos pobres gomeros,
vilmente sacrificados.
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34ª
Nuestro sabio en su agonía,
inclina su vista al cielo,
pidiéndole a Dios consuelo
contra de tanta herejía.
-¡Ayúdame, Virgen María!
que sobre foles inflados,
puedan mis hijos amados
a aquella tierra pasar,
y, que se puedan librar,
de ser hoy sacrificados-.
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35ª
Tengan mis hijos valor,
que no nos vale el llorar,
de ésta os habréis de librar,
si lo permite el Señor.
De ambos es grande el dolor
al separarnos en vida,
esa es la mayor herida
que tengo en el corazón,
adiós y tengan tesón
y les dio la despedida.
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36ª
Quiera la Virgen Divina,
que en estos foles unidos,
lleguen mis hijos queridos
a aquella tierra vecina.
Si la suerte es peregrina
con ese viento que va,
muy pronto os llevará
a esa tierra hospitalaria,
la Virgen de Candelaria
es madre y os guiará.
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37ª
Fue la Virgen protectora,
que a una playa los llevó
y un pastor los recogió,
el cual llegó a buena hora.
Por su padre, Iballa llora,
y todos le han consolado,
pues buen auxilio le han dado,
y muchos años vivieron
y varios hijos tuvieron
de un proceder muy honrado.
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38ª
Cuando el gran sabio perdió
de vista su fiel pareja,
sin pronunciar una queja,
por un risco se lanzó.
Allí su vida acabó,
pero no acabó en la historia,
pues su bondad fue notoria,
sabio de naturaleza,
y en pago de sus promesas,
Dios le recogió en la Gloria.
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SEGUNDA PARTE
"LA TORRE DEL CONDE"
Autor :
Manuel
Roldán Dorta
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39ª
Después de haber terminado
la
traición, Pedro de Vera,
con guanches de La Gomera,
todo en silencio ha quedado,
gozoso de haber vengado
la
muerte de Hernán Peraza,
quiso volver a su casa,
dándole la despedida
a
la Condesa afligida,
la
que con amor le abraza.
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40ª
Beatriz, la despedida,
siente de Pedro de Vera,
para ella el alma sincera
y
el salvador de su vida,
por lo que está sumergida
en
un lamentable llanto,
su
alma llena de quebranto,
postrada le pide al cielo,
le
dé abrigo y consuelo
y
le abrigue con su manto.
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41ª
Queda como un alma en pena
en
la Torre de La Villa,
Beatriz de Bobadilla,
como aquél que está en cadenas,
sólo tiene un alma buena,
que llora y siente por ella,
que es la hermosa, pura y bella,
como un precioso arrebol;
es
la joven Doña Sol,
que llora por su mala estrella.
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42ª
Doña Sol, de la Condesa,
era su edén más querido,
por ello ambas se han fundido
en
una misma pavesa,
se
aman con tanta fineza
y
con tanta lealtad,
se
miran con igualdad,
con cariño muy prodigio,
como una madre y un hijo,
con pureza y realidad.
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43ª
Vive con calma y ternura,
la
Condesa con su dama,
ambas mitigan la llama
de
su profunda amargura,
mas el bienestar no dura,
“nuestro destino es fatal,
siempre nos asedia el mal,
nos atormenta, nos mata,
no
afloja la catarata,
sino, es el día final”.
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44ª
En
su escolta y guarnición,
tiene dos nobles gomeros,
dos cumplidos caballeros
de
esforzado corazón,
fieles con gran decisión,
espadachines ligeros,
jóvenes bellos, sinceros,
por sus acertados planes,
les nombró sus capitanes,
por valerosos guerreros.
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45ª
Uno Bruco se llamaba
otro Algasay, su hermano,
de
ellos ninguno es tirano,
el
uno al otro se amaban,
como hermanos respetaban
cada cual a su deber,
no
habiendo podido ver
el
mal que les amenaza,
que con mortífera traza,
les haría fenecer.
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46ª
Es
doña Sol, dama bella,
de
refinada hermosura;
todos dos con gran locura,
se
enamoraron de ella,
era la antorcha y la estrella,
que más, para ellos, brillaba,
único amor que reinaba
en
sus nobles corazones,
fueron tal sus ilusiones,
que a la tumba les llevaba.
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47ª
Doña Sol a ambos amaba,
mas su alma presentía,
pues temerosa veía,
el
ciclón que le asediaba,
en
su mente batallaba
el
amor con la amargura,
pues miraba con tristura
a
sus dos adoradores,
desechaba sus amores
para abrir su sepultura.
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48ª
Cuando Algasay le seguía
y
su amor le declaraba,
ella no le contestaba,
pues con arte se desvía.
Con Bruco, lo mismo hacía,
queriendo esquivar el mal,
y,
como es natural,
a
ninguno despreciaba,
con esto nada aplacaba,
pues su destino es fatal.
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49ª
A
Algasay dentro del pecho,
un
voraz fuego le ardía,
pues de celos cada día
contra su hermano desecho,
creyendo que era despecho,
una noche lo llamó,
a
solas le interrogó:
-¿Adoras a mi Sol amada?.
-Que la adoro más que a nada,
no
lo puedo negar yo-.
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50ª
-Eres mi único rival-.
-Ya lo sé desventurado,
rompe ese lazo sagrado,
que nos une fraternal,
nuestro destino es fatal,
nos lleva a la crueldad,
con armas en igualdad,
pelearemos por ella
y
el que tenga buena estrella,
es dueño de la beldad-.
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51ª
Nuestra batalla vendrá
y
siento pueda ocurrir
entre ambos, los dos morir,
de
otro doña Sol será,
ese mortal gozará
de
su hermosura y belleza,
para ir con más certeza
y
sucumbir sin dolor;
morir los tres es mejor,
aunque sea una fiereza.
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52ª
Debemos echar a suerte,
para ver al desgraciado,
que a nuestro sueño adorado,
le
toca darle la muerte,
y,
después, óyeme advierte,
nos tiraremos al mar,
sin nada de vacilar,
iremos a sucumbir,
los tres hemos de morir
y
todo ha de terminar.
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53ª
Algasay, pensaste bien,
tu
idea es por mí aceptada,
la
rifa está preparada,
¿a
quién le tocará? ¿a quién?,
con atención, los dos ven,
que a Algasay le vino en suerte,
dijo Bruco, es dolor fuerte,
toma ese puñal tirano
y
con alevosa mano,
le
darás horrible muerte.
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54ª
Llegó a la alcoba y la halló,
durmiendo en profundo sueño,
con su semblante halagüeño
y
un beso de amor le dio.
Se
despertó y exhaló
un
grito despavorida,
grito que ahogo enseguida,
esa mano despiadada,
que le dio una puñalada
y
quedó muerta y tendida.
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55ª
Con alma triste angustiada,
donde está Bruco llegó,
dijo: -Hermano, ya quedó,
doña Sol asesinada,
en
su lecho ensangrentada
exhaló un ay lastimero,
anda hermano, pues ya quiero,
me
trague la mar salada,
para mí no quiero nada,
morir es todo mi esmero.
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56ª
No
demores la partida,
que quiero pronto morir,
dejaremos de sufrir,
dando fin a nuestras vidas,
vamos, vamos enseguida
me
trague la mar bravía,
vamos, nada me desvía
lo
antes que pueda ser,
vamos, quiero fenecer,
que se acabe esta agonía.
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57ª
Era una noche imponente,
llovía y bramaba el mar,
parecía protestar
de
aquel crimen tan ingente.
Destellaba horriblemente,
llovía y rugía el viento,
parece que el elemento
contra de ellos dos surgía
y
aumentarles la agonía
en
negro y cruel tormento.
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58ª
Y
con gran dificultad,
llegaron hasta la orilla
de
la playa de La Villa
en
medio de la tempestad.
Con ansia y temeridad
al
abismos se han tirado,
el
uno al otro abrazado,
donde hallan la sepultura,
el
amor y la locura
en
ellos ha terminado.
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59ª
Por fin, llegó el nuevo día
de
infausta y negra memoria,
lo
que nunca nuestra historia,
olvida tal felonía.
Fue tan honda la agonía
que recibió la Condesa,
con delirante sorpresa
del cabello se estiraba
y
en su llanto reflejaba
la
más profunda tristeza.
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60ª
Decía: -Ya me faltó,
el
cielo de mis amores
y
mis dos jefes mejores,
ya
mi alegría murió.
Para mí ya se eclipsó
el
ángel que me adoraba,
doña Sol me consolaba
los días de mi amargura,
ya
se fue a la sepultura
la
que tanto me mimaba-.
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61ª
¿Cómo vivir de esta suerte?
¿cómo vivir sin mi bella?.
Maldigo mi mala estrella,
antes quisiera la muerte,
mi
destino es muy doliente,
me
castiga sin piedad,
¡oh
Dios! tú que eres bondad,
alíviame esta amargura,
desvíame esta tortura
y
esta negra soledad.
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62ª
Perdí mi mejor amiga,
perdí mis dos capitanes,
mal me han salido mis planes,
pensarlo me da fatiga.
¡Oh
Dios!, mi pena mitiga
y
cesa ya mi penar,
me
desespera el pensar,
que he perdido a mi marido,
tengo el corazón herido,
el
que nunca he de curar.
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63ª
Se
quejaba la Condesa,
pidiendo clemencia al Cielo,
mas Dios le niega el consuelo
por su crecida crudeza,
pues quemó con gran fiereza
cuán inocentes gomeros
y
a otros como corderos
en
las plazas los vendió,
ella a Judas imitó,
pues los cambió por dinero.
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64ª
Beatriz, Pedro de Vera,
muchos crímenes hicieron,
pues los gomeros vendieron,
¡oh,
qué acción más traicionera!.
Horribles almas de fieras,
oh,
corazones malvados,
no
extraño sean castigados
por la Divina Justicia,
quien cometió tal malicia,
Dios los tiene ajusticiados.
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65ª
Aún existe en La Villa
el
hermoso torreón,
dónde se urdió la traición
de
Vera y la Bobadilla,
dónde con la vil cuchilla,
Algasay mató a la hermosa
doña Sol, cándida rosa,
lucero de los luceros.
Por sus ojos hechicero
fue su muerte desastrosa.
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66ª
El
trágico torreón
lo
edificó Hernán Peraza,
pues se lo ordenó la Casa
de
Fernando de Aragón.
Fue hecho en tal situación
y
tan buena cantería,
que aún está todavía
en
muy buena condición,
el
ya dicho torreón
que a los siglos desafía.
FIN. |

Mapa de San Sebastián a comienzos del siglo XVI |
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