CABAÑUELAS, MITO O REALIDAD. Por Chácaras y Tambores de Guadá
Canarias ha sido tradicionalmente una tierra de mitos y leyendas, apariciones, brujería y santería,… creencias surgidas, en muchos casos, del mestizaje cultural al que nos ha llevado nuestra situación geográfica, a caballo entre Europa,
África y América; nuestra topografía, condiciones climatológicas o, incluso, la propia necesidad de dar explicación a lo inexplicable o controlar lo incontrolable. Numerosos son los relatos sobre animales mitológicos, adivinos, curanderos con sus rezados, islas que aparecen y desaparecen, brujas en sus aquelarres de la “Laguna Grande”…
Conocer y controlar el tiempo ha sido desde antaño una de las fuentes de sabiduría popular más arraigadas. ¿Quien no ha oído hablar a los “viejos” de que va a llover porque se ve mejor tal isla o por la bruma en tal risco? Las “cabañuelas” pertenecen a ese grupo de creencias, más ligado a nuestro reciente aunque, a veces, olvidado pasado. Un pasado en el que no se vivía del turismo, un pasado en el cual nuestra supervivencia dependía de la agricultura, de la ganadería y de la pesca. Conocer cual iba a ser la climatología de un mes determinado era una ventaja crucial a la hora de planificar las cosechas, prever sequías, temporales,... “…en septiembre, el que quiere pan que siembre…” “…aguas de mayo y San Juan quitan vino y no dan pan…”
En estos tiempos de comodidades en los que vivimos, nos cuesta creer que estos niveles de predicción fueran posibles, y más teniendo en cuenta que ahora, nuestros “hombres del tiempo”, se equivocan augurando el tiempo que hará a dos días vista.
Mis abuelos lo aprendieron de los suyos, mi padre de mis abuelos, y yo de él: “…eso es cierto, era así, tal día del mes de agosto es la cabañuela de tal mes, entonces, por el tiempo que hacía ese día tu sabias ya el tiempo que iba a hacer en ese mes. Empieza el 1 de agosto y ese es la del mes (agosto), y el 2 es septiembre y así…” “…aunque las mejores son las de la luna, que son las que empiezan el 13 de agosto, esas son un mes adelante y otro patrás: el 13 es enero, luego diciembre, febrero, noviembre…” “…y el 25 es la de todo el año, coincide con las fiestas de Alojera, entonces como esté el tiempo ese día se sabe el tiempo que hará durante el año”
Sorprende la veracidad que se le otorga: “…eso es así y es cierto, las cabañuelas es raro que fallen…” “…yo me fío más de las cabañuelas que de la televisión…”; junto con la sencillez del sistema: Las primeras, llamadas “cabañuelas del mes” empiezan el 1 de agosto, que pertenece al tiempo que hará durante todo el mes de agosto; el 2 es septiembre, el 3 octubre, el 4 noviembre, el 5 diciembre, el 6 enero, el 7 febrero, el 8 marzo, el 9 abril, el 10 mayo, el 11 junio, y, el 12 julio. Luego empiezan las llamadas “de la luna”, a quién todas las fuentes dan como más veraces, el 13 que corresponde a enero, y luego un mes hacia delante y otro hacia atrás: el 14 diciembre, el 15 febrero, el 16 noviembre, el 17 marzo, el 18 octubre, el 19 abril, el 20 septiembre, el 21 mayo, el 22 agosto, el 23 junio, el 24 julio, y por fin el 25 que es la de todo el año. “…después vienen las calmas…”
CABAÑUELAS DEL MES
CABAÑUELAS DE LA LUNA
1 de agosto
AGOSTO
13 de agosto
ENERO
2 de agosto
SEPTIEMBRE
14 de agosto
DICIEMBRE
3 de agosto
OCTUBRE
15 de agosto
FEBRERO
4 de agosto
NOVIEMBRE
16 de agosto
NOVIEMBRE
5 de agosto
DICIEMBRE
17 de agosto
MARZO
6 de agosto
ENERO
18 de agosto
OCTUBRE
7 de agosto
FEBRERO
19 de agosto
ABRIL
8 de agosto
MARZO
20 de agosto
SEPTIEMBRE
9 de agosto
ABRIL
21 de agosto
MAYO
10 de agosto
MAYO
22 de agosto
AGOSTO
11 de agosto
JUNIO
23 de agosto
JUNIO
12 de agosto
JULIO
24 de agosto
JULIO
25 de agosto
DEL AÑO
Al parecer llegaron con unos calendarios que mandaba el obispado en tiempos del alcalde “Zapatero” y su nombre, “cabañuelas” o a veces “carañuelas”, nace de las cabañas donde vivían las gentes del campo, es decir, hablamos de cabañuelas como “cosas de las gentes del campo”, “creencias de las gentes del campo” o, para los más escépticos “supersticiones de magos”. Para mi son sabiduría popular, un bien cultural de carácter propio que recibimos de nuestros abuelos que debemos conservar para nuestros nietos.
Fuentes: Mis padres, sus padres, abuelos y bisabuelos…
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